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L’educació de la nova Era del coneixement

Hi ha llibres senzills que fan trontollar per dins. Darrerament, hem tingut la possibilitat de llegir-ne un que fa sacsejar el nostre món tal i com l’entenem, ajudant-nos a obrir els ulls a una realitat que fins ara ens semblava amagada. Es tracta de “¿Qué harías si no tuvieras miedo?”, del periodista Borja Vilaseca.

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En aquest llibre es fa una anàlisi de la societat en què vivim i com els darrers canvis i la rapidesa amb que es produeixen poden deixar enrere tot aquell que no s’adapti. Per aquesta raó, revisa l’educació de l’Era Industrial, fent-nos veure com aquell tipus d’ensenyament era la combinació perfecta per a la societat dels segles XIX i XX però ha quedat desfassada al segle XXI:

“Nos han educado para vivir en un mundo que ya no existe. No en vano, el sistema educativo parece haberse estancado en la Era Industrial en la que fue diseñado. Desde que empezamos a ir a la escuela nos han venido insistiendo en que “estudiemos mucho”, que “saquemos buenas notas” y que “obtengamos un título universitario”. Y eso es precisamente lo que muchos de nosotros hemos procurado hacer: fundamentalmente porque nos creímos que una vez finalizada nuestra etapa de estudiantes, encontraríamos un “empleo fijo” con un “salario estable”.

Pero dado que la realidad laboral ha cambiado, estas consignas académicas han dejado de ser válidas. De hecho, se han convertido en un obstáculo que limita nuestras posibilidades y potencialidades profesionales. Y es que las escuelas públicas se crearon en el siglo XIX a imagen y semejanza del industrialismo. Es decir, para formar y moldear a obreros dóciles, adaptándolos a la función mecánica que iban a desempeñar en las fábricas. Lo cierto es que los centros de enseñanza secundaria contemporaneos siguen teniendo muchos paralelismos con las cadenas de montaje, la división del trabajo y la producción en serie impulsadas por Frederick Taylor y Henry Ford.

Las escuelas dividen el plan de estudios en segmentos especializados: algunos profesores instalan matemáticas en los estudiantes, mientras que otros programan historia, física o latín. Por otro lado, los institutos organizan el día entre unidades estándares de tiempo delimitadas por el sonido de los timbres, un protocolo similar al anuncio del principio de la jornada laboral y del fin de los descansos de una fábrica. En paralelo, a los alumnos se les educa por grupos, según la edad, como si lo más importante que tuviesen en común fuese su fecha de fabricación. Y se les obliga a memorizar y retener una determinada cantidad de información, sometiéndolos a exámenes estandarizados y comparándolos entre sí antes de mandarlos al mercado laboral.

Más allá de que esta fórmula pedagógica permita que los estudiantes aprendan a leer, escribir y hacer cálculos matemáticos, la escuela desalienta el aprendizaje y fomenta el conformismo y la obediencia. Y lo peor de todo: aniquila nuestra creatividad. Todos nosotros nacemos con unas extraordinarias fortalezas, cualidades y habilidades innatas. Paradójicamente, antes de ingresar en el colegio, los niños arriesgan, improvisan, juegan y no tienen miedo a decir lo que piensan ni a equivocarse. Esto no quiere decir que cometer errores sea equivalente a ser creativo, pero a menos que estemos dispuestos a equivocarnos, es imposible que podamos innovar ni hacer cosas diferentes a las establecidas como “normales” por la sociedad.

Sin embargo, a lo largo del proceso educativo, la gran mayoría perdemos la conexión con estas facultades, marginando por completo nuestro espíritu emprendedor. Y como consecuencia, empezamos a seguir los dictados marcados por la mayoría, un ruido que nos impide escuchar nuestra propia voz interior. Con el objetivo de ser iguales que los demás, adoptamos el comportamiento que los adultos consideran “normal y aceptable”. Según la neurociencia cognitiva, el principal motor del aprendizaje de los seres humanos viene movido por las denominadas “neuronas espejo”. En esencia, se trata de un proceso inconsciente por medio del cual los niños imitan la conducta de sus padres, tutores o referentes. Así es como se crea y perpetúan las cosmologías y las culturas, provocando que en una misma sociedad o comunidad la mayoría de individuos piense y actúe de una manera similar”

Avui dia, quan l’Era Industrial ens ha deixat fa temps, seguim perpetuant aquest tipus d’educació, aquest tipus d’escola, aquest tipus d’aprenentatges, com si res no hagués canviat, com si encara es tractés d’acumular coneixements i “estandaritzar” els infants.

“Del mismo modo que la Era Industrial creó su propia escuela para adaptar a la población a las reglas del juego industriales, la Era del Conocimiento requiere de un nuevo tipo de colegio. Básicamente porque la educación industrial ha quedado completamente desfasada. Sin embargo, actúa como un enfermo terminal que niega su propia enfermedad. Ahogada por la burocracia, la evolución del sistema educativo público llevará mucho tiempo en completarse. Ahora mismo sigue estando compuesto por tres substitemas principales: el plan de estudios (lo que el sistema escolar espera que el alumno aprenda); la pedagogía (el método mediante el cual el colegio ayuda a los estudiantes a hacerlo), y la evaluació, que vendría a ser el proceso de medir lo bien que lo están haciendo.

La mayoría de los movimientos de reforma se centran en el plan de estudios y en la evaluación. Sin embargo, la educación no necesita que la reformen, sino que la transformen. En vez de estandarizar la educación, en la Era del Conocimiento va a tender  a personalizarse. Esencialmente porque uno de los objetivos es que los chavales descubran por sí mismos sus dones y cualidades individuales, así como que verdaderamente les apasiona.

Eso es precisamente lo que promueve la “educación emocional”. Su finalidad es que la escuela contribuya a que las personas aprendan a ser felices, auténticas, responsables y libres. También los alienta a que desarrollen el potencial, la creatividad y el talento innatos que residen en su interior, encontrando la manera de aportar valor y crear riqueza para la sociedad.”

L’hemisferi esquerre segueix essent l’objectiu principal de l’educació dels nostres dies mentre que el mercat laboral necessita que tinguem l’hemisferi dret en plena forma, preparats per ser creatius, ressolutius i espontanis. Si aquesta situació no es soluciona de manera eficaç, el que passarà és que les escoles seguiran “produint” infants per a una societat que ja no existeix, mentre el mercat laboral necessita altre tipus de professionals que encara estan per formar-se.

Si us ha agradat aquest text, us recomanem que visiteu la pàgina web del Borja Vilaseca perquè té moltes propostes interessants per revisar, tant des del punt de vista de l’educació com desde l’àmbit de les emocions, l’economia i com donar un gir a l’àmbit professional de cadascun donant espai i veu a la nostra saviesa interior.

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